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martes, 20 de enero de 2015

Lo que dijo de mí Claudia Pastor



En la lucha por un mundo mejor, por una 'vida buena', hay momentos en los que dudo de qué será de mí, en los que me siento solo, en los que no sé si estoy acertando, o errando soberanamente...

Por eso, no sabéis cuanto se agradece que de cuando en cuando gente buena me haga llegar cosas como la que a continuación os transcribiré.

La historia es la siguiente: Claudia Pastor fue participante en algunos de los turnos de los campamentos Greenpeace España que yo tuve la felicidad de coordinar hasta 2013. En 2014 que dejé el proyecto para dedicarme en exclusiva a nuestra aventura educativa con la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente en verano, a Claudia y al resto de participantes en los campamentos Greenpeace les pidieron que escribieran algo sobre una de las personas que les había marcado en su amor y defensa de la naturaleza. Wangari Maathai, Chico Mendes, Vandana Shiva, Julia Butterfly y por supuesto Félix Rodríguez de la Fuente suelen ser algun@s de nuestros referentes. Lo que jamás podría haberme imaginado yo, es que en esa categoría, que por supuesto no merezco, era donde Claudia me iba a colocar.


Y que queréis que os diga, dados los desiertos que a veces pasamos los defensores de las Personas y el Planeta en esta sociedad, cosas así, aún inmerecidas, hacen más ilusión que el regalo más reluciente y pomposo que se os ocurra.

Así que Claudia, mi mayor gratitud para ti, y el compromiso de que en lo que me resta de vida, trataré de aproximarme al menos, a la estela que dejaron estas enormes personas, que lo fueron por su amor inmenso a los demás y a la Tierra.
'La persona que ha marcado mi vida medioambientalmente ha sido Marcos Pla Saez. Marcos desde que Josevi lo adentró en el mundo de Greenpeace, es monitor de los campamentos y desde 2009 lidera los turnos de peques en ellos. Tiene 32 años y está convencido de que este mundo puede mejorar. No solo en lo medioambiental, sino también en lo social. Es un gran activista, pero sobre todo es una maravillosa persona, un luchador y un enamorado de la vida.
Yo lo conocí en 2009, cuando fue mi monitor en los campas de Greenpeace. Yo por entonces conocía algunos de los problemas medioambientales de este planeta, pero de manera básica y de haberlos oído comentar en mi entorno. Gracias a él conocí mejor eso que hay debajo del asfalto, llamado Tierra. A través de sus experiencias, sus historias y sus juegos me adentré mejor en esos problemas  que él comentaba a veces como algo personal, pero que en realidad eran de todos. Sus preocupaciones en torno a lo medioambiental pasaron a ser las mías y gracias a él seguí en los campas hasta la fecha de hoy. Él dice que las acciones positivas traen consigo cosas positivas, él nos ha enseñado, nosotros hemos aprendido y gracias a él hoy muchos queremos seguir.

lunes, 3 de diciembre de 2012

El estrecho donde escuché palpitar la Tierra

Siempre les digo a mis linces y manada educativa del Campamento Félix Rodríguez de la Fuente que hay sitios en la Tierra, en los que esta nos habla a más revoluciones, donde el palpitar de este indómito Planeta retumba a lo largo y ancho del espacio del que estemos hablando.

Tuve el honor de coordinar un voluntariado ambiental en 2008 y 2009 cerca de uno de los últimos ríos vírgenes de nuestra tierra valenciana, cerca del río Mijares en Yátova. Tuve la dicha de conocer a algun@s de los secretos héroes que por fortuna nos atan aún con su valentía y esfuerzo, al misterio insondable del milagro de la vida en la Tierra.

Una brillante pareja de estos guerrer@s de interior, de estos guerrer@s por la vida, que son como puertas de entrada, como puertas de regreso a esa vida, que nunca debimos dejar de vivir: una vida en armonía con la naturaleza. Estos guerrer@s, nos invitaron a los voluntarios ambientales y a mí mismo, a su casita al pie del río Mijares, en uno de los tramos con mayor energía y belleza: el estrecho de Juanete.

Allí, unas veinte almas, en una pequeña explanada frente a la casita, pasamos la noche. Arropados en nuestro saco, el eterno aliado de los que gustamos desafiar el sedentarismo imperante en nuestra sociedad urbanita, dirigíamos nuestra mirada y nuestra alma, a aquel cielo equivocado. Cielo equivocado, porque era un cielo extraviado en el devenir de los tiempos. Un cielo limpio, fulgurante, intenso, repleto de mil puntos brillantes, un cielo como aquel que contemplaban nuestros antepasados que vivían en tiempos paleolíticos. Un cielo que no había advertido que la revolución histórica de esos pequeños antropoides que somos nosotr@s, había lanzado ya a la mayoría de cielos del Planeta una pátina amarilla y espesa al firmamento. Un artificio lumínico que confunde a las aves, que solo deja hueco a la observación de las estrellas campeonas de la brillantez, porque el resto quedan opacadas, por lo que los científicos han dado en llamar 'contaminación lumínica'.

Por ello, aquella noche de Agosto una emoción antigua recorría mi ser. Solo una delgada esterilla y mi saco me separaban de la piel de la Tierra, y mi mirada, mi mirada clavada en lo alto. Clavada en un cielo venido de otros tiempos. Unos tiempos en los que vagamos libres, montaraces, vivaces, donde no había más paredes que el horizonte, ni más techo que el dibujado por esos puntos titilantes que crecen cada noche al morir el sol.

Por ahí , por esta emoción sentida en aquella lejana noche de verano, que humildemente intento contaros hoy, discurre el valor de espacios como el estrecho de Juanete en el río Mijares. Estos enclaves salvajes son como un ancla: paisajes, compañeros de Planeta que conforman nuestro antiguo hogar, que en noches como a la que me estoy retrotrayendo al pensar en el Mijares, nos golpean dentro, nos hacen sentir extrañamente en casa.

Y es que la mayor parte de nuestra historia de especie honramos estos templos de la naturaleza, tan sagrados para el hombre paleolítico como pueden ser las catedrales para los cristianos o las mezquitas para los árabes.

Pero olvidamos, olvidamos el vital, poderoso, íntimo cordón umbilical que nos une a la Madre Tierra, y en nuestra inconsciencia quisimos asfaltar este rincón sagrado y colocar marcadores de nuestra decadencia: nada más y nada menos que 500 chalets, un campo de golf, un megahotel...

Y es ahí, donde algunos miembros disfuncionales de esta, nuestra sociedad moderna, que a mí me gusta llamar y honrar como héroes, entran en acción. Los llamo disfuncionales porque no olvidaron del todo el lenguaje de la Tierra, porque nuestra materia más profunda habla finalmente el mismo idioma que las encinas, las Águilas calzadas y vibra, en una noche como la que os estoy rescatando de entre mi memoria, en la misma longitud de onda que el Cárabo.

Y estos héroes, pocos, sencillos, ya afaenados en mil batallas similares, se aprestan para defender una vez más, lo que somos todos y todas: la naturaleza.

Lo hacen de forma pacífica, inteligente, creativa. No podía ser de otra forma, les guía la fuerza que yo sentía aquella noche salvaje en el estrecho de Juanete, esa fuerza que golpeaba todo mi ser, que amartillaba mi conciencia, la fuerza de la Tierra, la energía más poderosa, pero a la vez la más armónica.

Los guerrer@s del Planeta, han ganado la batalla en esta ocasión, y el Mijares sigue incólume. Pero la conciencia de millones de almas humanas sigue aún ajena a lo que realmente somos: piezas indisolubles del misterio fulgurante de la vida en la Tierra.
Por eso, querid@s amig@s, para la próxima batalla me gustaría recordaros las palabras de Félix:
“Todos debemos ir engrosando ese pequeño ejército, ¡Qué el día de mañana se considerará un ejército heroico!, mucho más que los que lucharon con las armas en la mano: el ejército de los que un buen día dijeron que había que hacer algo para proteger a una Madre que no se queja, que nos ha dado todo lo que tenemos, ¡y a la que estamos matando…!”

miércoles, 8 de agosto de 2012

Mi bio



Nací el 16 de Julio de 1982.
Nací en Valencia. Y en esa 'jungla de hierro, asfalto y hormigón' (Félix Rodríguez de la Fuente) me crié. Eso sí, en uno de los barrios de la periferia, San Isidro, que hasta poco antes de la llegada de mis padres era aún zona de huerta. Hoy yace bajo el cemento.

Me llevaron mis padres primero a la guardería 'El niño Jesús' y luego al Colegio concertado 'Jesús-María' de Fernando el Católico. Allí algo cambió. Empecé a construir mi propio camino. Aquí tienes más info sobre este proceso.

Gracias a Adela Menacho, nunca la olvidaré, comencé a ser educador en mi colegio. Eso supuso una revolución en mi mundo interior, y fue el punto de partida para explorar habilidades que entiendo que definen lo mejor de mí hoy día. Me impliqué en diferentes iniciativas educativas que fueron marcándome y ayudándome a descubrir diferentes facetas e intereses de mi vocación como educador. Las tienes descritas con detalle en mi bio de Facebook.

Mi paso por la Universidad de Valencia, en la que estuve 4 años en Pedagogía, fue el despertar a incontables experiencias y en general de mi faceta de activista social. Allí fui representante de estudiantes en un sindicato estudiantil, y junto a miles de estudiantes frenamos la LOU privatizadora del PP. Participé también en 'La Nau dels xiquets i les xiquetes' la escuela de verano de la Universitat. Finalmente ahogado ante la incoherencia entre lo que en teoría había ido a hacer a la universidad, formarme como educador, y la realidad, decidí muy dolorosamente romper de nuevo mi inercia, y decir uno de los 'No' que más me han marcado: dejar la universidad. También encontrarás más info en los enlaces anteriores.

Como lo que me frustraba era la teoría desconectada de la práctica, me zambullí en esa práctica educativa de cabeza. A parte de experiencias menores estuve durante 5 años como educador en una conocida empresa de educación no formal del área de Valencia. Aquí las habilidades que había ido creando en los años precedentes fui definiéndolas y ampliándolas en las diferentes actividades y proyectos en los que participé en esta empresa. En esta etapa de mi vida conocí a Josevi Alamar, que me ayudó a madurar mi vocación educadora y me ayudó a ampliar mi mundo vital. Por ejemplo cuando entré en contacto con el mundo  detrás de la asociación ecologista internacional Greenpeace, participando como educador hasta 2013 en sus campamentos y liderando el turno de peques desde 2009, y el mundo vinculado a la asocaciación ecologista local Acció Ecologista Agró. A nivel personal y profesional, conocer a las personas, las formas de organización, los valores, liderar diferentes experiencias en estas organizaciones, fue algo que revolucionó mi mundo y sigue explicando muchas de mi estrategias y apuestas en el presente.

Paralelamente, seguí participando en el activismo social en la Plataforma por una Vivienda Digna, donde conocí personas excelentes, muy preparadas con las que hasta 2012 defendí este derecho fundamental. Acabé esta colaboración por falta de tiempo.

Mientras todo esto va ocurriendo a nivel profesional, me emancipo y tengo a mi primer hijo, Mario, junto a una persona fantástica, Cristina Rodríguez, clave en muchos de mis progresos posteriores.

Tras el verano de 2009, un nuevo 'No' en mi vida, me lleva a virar de nuevo y a romper una vez más con la inercia. Dejo la empresa en la que estaba y tras dos meses de descanso y reflexión creo en la empresa familiar, un proyecto educativo llamado 'Kyrios Educación'. Este proyecto, en el que sigo embarcado, abrió un enorme abanico de posibilidades ante mí. Empezamos con frescura y relativas buenas vibraciones. La terrible crisis financiera de 2008, llegó para complicarlo todo, y a convertir un camino que comenzó siendo tranquilo, en un camino tortuoso y a menudo oscuro. Pero no nos rendimos.

Además de la continua e imprescindible colaboración de mis padres y Cristina, unimos fuerzas con la increíble Claudia Muñoz, y recibimos las preciosas colaboraciones de incontables personas que ha sido de lo mejor de este proyecto educativo para cambiar el mundo a mejor, por las personas, por el Planeta, por una vida buena.

Y con toda esta riqueza humana, llegó lo que posiblemente es lo mejor que hemos hecho: la colaboración desde Marzo de 2011 con la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, liderada por su hija Odile, para crear el Campamento Félix Rodríguez de la Fuente. Este proyecto educativo es una de las cosas que he hecho en mi vida de la que me siento más orgulloso. Siempre con cosas a mejorar y errores, pero creo que ciertamente hemos ayudado a sembrar ideas del bien común a cientos de personas, con las que hemos podido vivir momentos felices en plena naturaleza.

Además a finales de 2011, descubrí una nueva posibilidad de comunicación, de educación, que me ha fascinado: entré a colaborar en Radio Klara liderando el espacio quincenal de Acció Ecologista Agró. Durante 4 años contamos historias de naturaleza y ecología.

En Marzo de 2013, arrancamos un nuevo proyecto radiofónico que nos llenó de alegrías y momentos inolvidables, en Kyrios Educación: Mil millones de estrellas. En este proyecto contamos las historias de personas y colectivos que ya estaban mejorando el mundo, construyendo bien común.

Acabé ambos proyectos en la radio al acabar el curso 2014-2015, por falta de tiempo, y para darle otro enfoque a los formatos comunicativos que estábamos realizando. Estrené en 2016 un nuevo proyecto comunicativo llamado #LaAlmohada, para contar algunos días a las 23h, mis opiniones sobre diversos temas siempre relacionados con el bien común, y en directo a través de Facebook.

En julio de 2014, creamos a partir del Campamento Félix Rodríguez de la Fuente, el grupo de jóvenes, #JóvenesLinces, con la idea de ofrecer un espacio de encuentro y cuidados para lxs jóvenes con ganas de cambiar el mundo, y que a la vez sirviera como plataforma para cambiarlo.
Algunas de las actividades de las que más orgulloso me siento, son los encuentros estatales en Madrid, donde hemos llegado a juntar a 30 jóvenes de toda España, y que siempre acaban con una acción a favor de la gente sencilla y el equilibrio con la Tierra.
Además hemos creado iniciativas como el #ratonaturalista, que ha pasado por diferentes formatos, pero siempre con la idea de contar historias de naturaleza y ecología, junto a lxs jóvenes. O '20' un espacio para comentar la realidad, desde los 20 años que me separan de la joven, con el que hacemos el espacio.

Actualmente en 2020, sigo liderando Kyrios Educación con talleres, excursiones y cuentacuentos para centros educativos, colectivos y ayuntamientos, con el Campamento Félix Rodríguez de la Fuente, para niñes, jóvenes y adultes, con el grupo de jóvenes, ahora independiente y renombrado tras un hermoso proceso participativo como Micoris, donde con esa idea de ser como las micorrizas que están conectadas y se ayudan mutuamente, seguimos en marcha con los proyectos veteranos y nuevas ideas.
Tras un parón de unos años he retomado La Almohada, ahora en esta segunda temporada como podcast, en Ivoox y YouTube y que puedes apoyar desde 2€/mes en Patreon.

Además sigo colaborando en mi tiempo libre con Acció Ecologista Agró. Y siempre desarrollando una intensa actividad en redes sociales. Y todo esto, siempre a favor de la gente sencilla y el equilibrio con la Tierra. Porque lo existente, no agota lo posible.


domingo, 27 de mayo de 2012

¿Por qué me la juego educando para cambiar el mundo?


El pasado martes, Manolo Totxa el director del programa Lliure Directe de Radio Klara, tuvo la amabilidad de entrevistarme para hablar del proyecto Kyrios Educación. Fue la entrevista en la que más he podido hablar a placer de qué es lo que nos mueve en este apasionante y arriesgado proyecto.
Hablé de nuestra pasión por las personas, por la naturaleza, por un mundo mejor, y cómo eso impregna cada paso en el proyecto y especialmente los buques insignia del verano: El Campamento Félix Rodríguez de la Fuente y el Campamento Responsable.

Si quieres pistas de cómo construir un mundo más justo y más verde, no te pierdas esta entrevista.