miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Hay algo mejor en el mundo?

'La niebla se levanta y entonces sueltas amarras, sales del canal sur, pasas por Rocky Deck, te acercas a la altura del estanque Nils, donde yo patinaba de crío, haces sonar la sirena y saludas al hijo del farero de la isla Tatcher. Luego aparecen las aves, primero las gaviotas de espalda negra, luego las gaviotas argenteas y los pelícanos. Sale el sol y navegas rumbo norte, a toda máquina, los chicos faenan y tu estas al mando. Eres patrón de un maldito barco de pesca.  
¿Hay algo mejor en el mundo?
 He rememorado esta escena de 'La tormenta perfecta' un montón de veces, en momentos en los que me he sentido inmensamente orgulloso de estar al frente de un grupo de gente maravillosa, capitaneando una experiencia que sabíamos que nos iba a marcar a tod@s de por vida. 
 A veces es en los momentos más sencillos cuando llegan los momentos de mayor gozo. A mi este pasado campamento de Félix, me llegaron varios de esos. Sentí la tremenda felicidad de estar al timón de una experiencia tan mágica como histórica
Recuerdo la segunda noche de la marcha, me levanté a las 7 de la mañana cuando aún tod@s los linces y mi 'manada educativa' dormía. ¡Qué sensación de paz y armonía!  
El día despuntando en uno de los lugares más bellos de España, con dos de las mejores profesionales del país, rebosantes de energía positiva e ilusión, durmiendo a mi lado. Salí del edificio del polideportivo que nos había cedido tan amablemente la gente de Ombre y pude revisar en el porche, la hilera de sacos y esterillas que conformaba el grupo de mis linces, los niñ@s del Campamento Félix Rodríguez de la Fuente que tan lleno de orgullo me tienen. Aún descansaban, pero pronto despertarían y lo llenarían todo con sus risas, con su curiosidad, con su amor por la Naturaleza.
En pocas horas, volvería el ritmo trepidante del Campamento FRF, y una felicidad indescriptible invadía mi ser, por saberme en el puente de mando de todo aquello.
Para lo bueno y para lo malo, pues no fue nada fácil llegar hasta aquella travesía. Pero lo conseguimos, y hoy más de dos semanas después de llegar a puerto, no hay nada que mi corazón y mi alma deseen más, que volver a navegar en el arriesgado pero salvador y catárquico mar de la EDUCACIÓN.
Buen viaje mariner@s, linces, caminantes, educadores/as, manada...
¡A navegar!
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