martes, 27 de diciembre de 2011

Sra. Alcaldesa, mejor plante ciclistas


Leo en El País, que el Ayuntamiento de Valencia gastará este año, de nuevo, 140.000€ en adornar el 'puente de las flores'. Y quiero opinar alguna cosa sobre esta decisión.

Por un lado, creo que ni en el momento de mayor abundancia, personalmente, movería un dedo para decorar un puente con flores que luego habré de cambiar a los pocos meses. Creo que en una sociedad mejor, tras tener cubiertas las necesidades básicas de todos y todas, y conservar lo mejor posible nuestro entorno, lo mejor que podemos hacer en vez de gastar nuestra energía en estas cosas es, una vez acabada la jornada laboral, tumbarnos o movernos, lo que nos venga en gana, y disfrutar de la vida, de la familia, amig@s...
Una vida más sencilla, menos 'adornada', pero mucho más plena.

Ahora bien, que en tiempo de grandes desigualdades y grandes carencias, en la ciudad en la que nací, mis gobernantes dediquen 140.000€ a este concepto, a mi me indigna profundamente.

Pero como siempre quiero ser positivo y propositivo, prefiero proponerle al equipo de Gobierno del Ayto. de Valencia, que entiendo que, por ejemplo, sería mucho mejor para la ciudad de Valencia y su área metropolitana, donde ahora vivo, gastar parte de ese dinero en convertir un carril de los dos que suele tener el acceso sur a la ciudad, es decir la Calle San Vicente Martir, la Calle José Soto Micó y la Avinguda Real de Madrid, en un carril preferente para ciclistas, un carril 30. Es decir un carril con la velocidad limitada a 30 Km/h. Y que esta decisión se vea reflejada por la señalética correspondiente, tanto en el asfalto como vertical, y en una potente campaña de concienciación para los conductores que circulan habitualmente por esta vía. Y que nuestra policía local, defienda este carril 'tranquilo', 'seguro', por el que podamos circular hasta con nuestros hijos e hijas.

No voy a entrar en explicar los enormes y variados beneficios individuales y colectivos de la bicicleta frente a coches o motos, porque por ejemplo, está bastante bien explicado aquí.

Pero aportaré un criterio poco habitual, quizá por subjetivo, para dirimir este tipo de cuestiones: la felicidad. Más que ver unas efímeras, artificiosas y algo artificiales flores en el puente de marras, a mi me hace profundamente feliz circular en bici, tranquilamente, mientras pienso y observo; circular en bici por la ciudad en la que comencé mi historia, en la que nací, me siento libre y sano, y es un efecto que perdura muchas horas después de bajar de mi querida bici. ¿Por qué será? Quizá las razones haya que ir a buscarlas, en parte, en las raíces de nuestra historia de especie, cuando casi diariamente recorríamos grandes distancias, siguiendo a las grandes manadas de ungulados, de herbívoros, por todo el territorio, y nuestro único horizonte lo marcaba el atardecer.

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